Siempre se ha reprochado el exceso de elecciones que hay en Venezuela y los consecuentes períodos electorales casi consecutivos, que no permiten a funcionarios y a la sociedad en general manejar limpiamente la correcta administración del Estado sin las distorsiones que las pasiones partidarias que toda campaña desata.

Los empleados o funcionarios tienen poca autonomía para trabajar con su mente limpia de contaminación electorera, como juraron al levantar la mano pensando solo en el beneficio del país no en el de su partido, y no pensar las acciones, declaraciones y actuar en general en función electorera.

Algunas pueden ser buenas, pero no dejan de apreciarse así, lo cual es nocivo para la sociedad votante. Las cosas buenas deben apreciarse bien por todos, incluyendo a los opositores, así como las malas deben apreciarse igual incluyendo a los simpatizantes.

Tampoco se la pasarían tratando de bloquear las buenas iniciativas que pueda tener el rival, aunque sean provechosas para la población, simplemente para evitar que tenga réditos electorales, una situación que sumada a la anterior es solo mala para la sociedad y el desarrollo del país cada día más al borde del precipicio.

Acaban de pasar las elecciones presidenciales del 7 de octubre y estamos a pocos días de las de gobernaciones y muy pronto las de los alcaldes, contaminados permanentemente por el ruido de campaña del gobierno socialista-comunista, y ésta siempre comenzando prematuramente hace varios meses por las fulanas cadenas de radio y televisión de promoción de los supuestos logros del gobierno revolucionario aunque sea ilegal, pero las instituciones como el CNE aquí no funcionan porque son brazos ejecutores de los designios del gobernante mayor.

El CNE dice que no estaban en campaña porque no piden el voto y nuevamente nos consideran estúpidos, mentecatos o necios o no les importa lo que pensemos, no sé qué es peor.

Una definición de campaña política citada en enciclopedia y académicamente dice así: “Una campaña política o campaña electoral es un esfuerzo organizado llevado a cabo para influir en la decisión de un proceso en un grupo. En las democracias, las campañas se refieren a las campañas electorales, donde se escogen verdaderos representantes”.

Entonces, señores del nada independiente CNE rojo-rojito, ¿cómo nos lo explican menos ofensivamente? Podrían decir algo como “la ley no es muy clara en este asunto” y sigan haciendo lo que les place o les da la gana sin insultarnos. Hay algunas cosas en el gobierno socialista-comunista que se debería corregir para ser más eficientes y trabajar más fácilmente en el desarrollo y el cual tiene mucho que ver con las excesivas elecciones, cambiando leyes.

Lo primero sería cambiar los períodos de los funcionarios. El primero sería el presidencial. El de Estados Unidos para mi es bastante bueno: cuatro años con posibilidad de reelección, que es como un período de ocho años con examen de idoneidad a la mitad. Si funciona, lo reelegimos; si reprueba, se va, como Jimmy Carter.

Tres años me parece que es poco para alcaldes y diputados, ya que podrían ser cuatro y coincidir siempre con las elecciones presidenciales, así que tendríamos elecciones cada cuatro años. No le temamos a que si la popularidad del candidato a presidente es muy alta, al votar no haya contrapesos. De todas formas, hoy que los hay, consiguen el transfuguismo, alterando la voluntad popular con mucha labia o sobornos como han acusado a los nuestros y como sucede en países como Brasil. La diferencia es que allá los meten presos.

Esta innovación debe acompañarse al hacer que los diputados sean electos por circunscripciones electorales; así realmente saben a quién responder y los ciudadanos saben quién es su diputado que se preocupará por ellos y no obedecerá ciegamente a la cúpula o al dedo señalador del Presidente porque es su amigo incondicional y le sigue incondicionalmente. ¿usted qué cree?

Ese grupo pequeño le daría seguimiento como a los alcaldes. Si fallan se van.

Deberíamos reducir el número de diputados a uno por Estado, excepto en los de mayor población, que cuando pasen de 200,000 habitantes podría tener dos. Menos personal fantasma, asesores, vehículos, etcétera. ¿Necesitamos más?

Aprobar la ley de partidos políticos para transparencia y gobernabilidad, y reformar el CNE con rectores independientes de militancia partidista, para que funcione en dos secciones: administración de elecciones y administración de justicia electoral sin representantes de partidos políticos. ¿Qué tal?

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