La cercanía del proceso electoral genera cambios en los patrones de compra, pues la población tiende a apertrecharse de productos básicos y a postergar el momento de la adquisición o venta de bienes y artículos

Luis Sifontes y Carla Márquez se casan en diciembre; hace unas semanas comenzaron a buscar un apartamento en alquiler, preferiblemente ubicado en el sur este de Caracas.

Pero esa decisión deberá esperar, pues han llamado a varios de los avisos que aparecen publicados en los portales y en la prensa escrita y en todos la respuesta ha sido parecida: “llame después del 07 de octubre” o “la negociación está paralizada hasta después de las elecciones”.

La señora Luisa Martínez está de compras en un supermercado de cadena capitalino. En su carrito no se observa un volumen de artículos tan alto como para catalogarla como una “compra nerviosa”, pero lleva tres garrafas de agua potable de 5 litros cada una, 5 latas de atún, unas cuantas de sardina, dos kilos de arroz, dos de leche en polvo y los 4 kilos de harina precocida que el establecimiento le permite llevar.

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