Encuestas bajo la lupa Durante la campaña presidencial de este año, los venezolanos fueron bombardeados por sondeos electorales de forma continúa. Pocos coincidieron en sus pronósticos

El resultado de las elecciones presidenciales reveló que la sociedad venezolana continúa muy polarizada, no solo en la superficie de una preferencia partidista sino en la profundidad de las percepciones sobre lo que son sus principales problemas como conglomerado social.

Así, la escogencia de la opción que prioriza la atención social de los estratos más pobres y un modelo “socialista” de un gobierno con 14 años en el poder por encima de la opción que ofrecía una alternativa de cambio político –y generacional– con la bandera de seguridad personal y económica de sus habitantes, es incomprendida por ese 44,25% que acudió a las urnas el pasado 7 de octubre y votó por Henrique Capriles.

Sin embargo, una mirada a los estudios de opinión pública, mediciones de evaluación de gestión y resultados electorales de los últimos años y en particular a las encuestas de la reciente campaña presidencial, deja claro que los resultados de las pasadas presidenciales deben sorprender. Si bien es cierto que el número de votos a favor de Chávez ha decrecido porcentualmente al pasar de 62,46% en 1998 a 55,13% en la última elección, la valoración positiva de su gestión se ha mantenido por encima de 60% a lo largo de todos estos años.

Durante la campaña, diferentes encuestadoras de la más variada trayectoria publicaron sus mediciones y presentaron posibles escenarios despertando esperanza, descontento, críticas y hasta acusaciones de haberse vendido a intereses partidistas.

Tal y como ha ocurrido en otros momentos de la historia política contemporánea venezolana, los estudios de opinión desataron un debate no sobre los parámetros aplicados en su realización, sino sobre la filiación política de sus voceros con una u otra tendencia en pugna.

La pregunta que sirve de título a este artículo tiene una respuesta simple y a la vez compleja. La credibilidad de una encuestadora viene dada por factores externos a ella como el entorno en el que se hace el trabajo de campo, e inherentes a ella como su trayectoria, la cartera de clientes que maneja, la honorabilidad de sus voceros y lo acertado de sus proyecciones a lo largo del tiempo. Este último factor a su vez está determinado por la metodología de selección de la muestra, la confiabilidad del trabajo de campo y el equipo profesional con que cuenta para el procesamiento y análisis de sus resultados, entre otros aspectos.

Luego de 16 procesos electorales en 12 años entre elecciones y referendos, todos los cuales han venido precedidos por la divulgación masiva de encuestas, es pertinente que el elector, el lector y el ciudadano corriente se planteen la importancia de entender y utilizar las encuestas como herramientas de análisis de opinión pública electoral.

La confianza. “¿Son confiables las encuestas electorales en Venezuela?”, se preguntaba el estadístico Pasquale Nicodemo, profesor de postgrado de la UCV y la UCAB y especialista en opinión pública, en una investigación de la revista Comunicación y plantea que “el desarrollo de las encuestas electorales con rigor científico, solo es posible cuando hay un ambiente de elecciones libres, competitivas y con el voto universal directo y secreto, en otras palabras, elecciones democráticas”. Se refiere pues a los factores externos.

¿Fueron libres las pasadas elecciones? ¿Serán libres las venideras consultas populares? La libertad electoral traduce en primera instancia la potestad individual de decidir votar o no; y en segundo lugar, la posibilidad de los votantes de escoger a uno de varios aspirantes a un cargo determinado. Esa escogencia, para que sea libre, debe darse sobre la base de criterios mínimos como la calidad de la oferta electoral en términos de beneficios personales, colectivos, la garantía de transparencia en la gestión y en un contexto libre de coacción sobre el votante. Un votante que asocia su escogencia a la pérdida de una ayuda social coyuntural o a la imposibilidad de obtener esa ayuda dependiendo de cómo vota no puede considerarse un elector libre.

¿Fueron competitivas las presidenciales? ¿Serán competitivas las regionales? La competitividad es un concepto del mercadeo que se relaciona con la abundancia de la oferta, la calidad de los productos ofertados y el precio, donde el consumidor adquiere el producto cuyas características satisface mejor sus necesidades por un costo menor.

Las pasadas elecciones no fueron competitivas en términos de oferta real, pues aunque se postuló media docena de candidatos, solo dos constituían opciones reales en términos de calidad, divulgación y profundidad de sus propuestas. Para las elecciones regionales se presenta la misma dicotomía: solo dos modelos en pugna. Aun cuando factores asociados al gobierno o a la oposición han decidido lanzarse al ruedo con sus propios candidatos, luce difícil que representen una verdadera opción que alimente la sana competitividad de propuestas.

¿El voto es universal, directo y secreto? De acuerdo al Consejo Nacional Electoral, están inscritos en el Registro Electoral más de 90% de los venezolanos en edad de votar y de acuerdo con todas las encuestas divulgadas este año, la credibilidad y confianza en el órgano electoral ronda el 75%. A pesar de ello existen diversos grupos ciudadanos y políticos que denuncian la fragilidad del secreto del voto.

Lea la noticia completa en Producto