Hago mías las sabias palabras del maestro Simón Alberto Consalvi en referencia a Capriles: “ En un tiempo de mentiras, no ha mentido. En un tiempo de agresiones, no ha agredido. En un tiempo de aniquilación del adversario, ha apelado a la tolerancia”.

Los venezolanos esperábamos con ansiedad el surgimiento del nuevo liderazgo que nos conduciría a un tiempo distinto, lo que no podíamos pensar es que lo teníamos ante nuestras narices. A pesar de sus luchas y de su gestión, era difícil predecir que estábamos muy cerca del surgimiento de individuos precursores de un nuevo liderazgo cuyo gran peso se deriva de un intangible: su enorme e infinita calidad humana, personas que llegan directo al corazón y al cerebro de cada uno de nosotros. No ha sido fácil este empoderamiento de Capriles.

En primer lugar, me atrevo a afirmar que ese poder demiurgo se alimentó y se cristalizó, cuando el candidato inició su admirable ronda Casa por Casa.

Ese periplo contenía una clave trascendente, ver directamente a los ojos de cada persona, oír desde el fondo del alma, sin la pretensión de imponer nada, de incrustar un dogma en sus cerebros, era simplemente ver, oír y estar cerca, compartir el aliento de miles de mujeres y hombres, desde sus hogares con sus angustias, sus miserias y sus esperanzas. Muchos pensaban que era un esfuerzo inútil, que su impacto mediático era nulo. ¿Cuántos votos podía traer tomarse un café en una casa humilde de Cariaco, Villa de Cura o de Libertad en Barinas? ¿Cuántos electores puede aportar esa maniobra lenta de entrar a la casa de la gente?

Lo que muchos incrédulos no imaginaban era que Casa por Casa se convertía en la maravillosa operación de cargar el espíritu de Henrique con la energía contenida en cada hogar venezolano. El propio candidato, en su intimidad, debe saber la significación de este contacto, de este tocar y oír gente, diciéndoles solamente “hoy yo estoy aquí con ustedes”, solamente eso.

En el Casa por Casa no se escucharon muchas promesas, no se ofrecieron soluciones mágicas a todos los problemas, simplemente el candidato entró en el corazón de la gente, recibió su energía y continuó el camino con ese inmenso poder adentro. A partir de esta incursión, mucha gente se apropió de la idea de que puede confiar en este nuevo líder, que esperar el bien es, más que una posibilidad, la convicción de que él nunca cometería actos como los realizados contra la jueza Afiuni o Simonovis, que lucharía a brazo partido para que nuestros jóvenes profesionales no desertasen, para que se quedaran a reconstruir nuestro país y que nunca ordenaría echar gas del bueno sobre la juventud.

Desde mi modesto rincón de análisis, pienso que esa operación Casa por Casa cambió y cambiará las futuras estrategias electorales en este país, no puede aspirar ningún venezolano a gobernar si antes no ha recorrido el camino de la verdad y ese trayecto solo se logra entrando a la casa y a la vida de aquellos en los cuales reposa el poder de escoger a sus gobernantes. Además superó magistralmente el “Yo soy el corazón del pueblo” por “Llevo al pueblo en mi corazón” como expresión de una realidad y no un simple mensaje busca votos.

Una segunda idea que me llena de ánimo en estos tiempos, es la comprobación de que la campaña de Henrique no es patrimonio de ningún partido, pero a la vez es de todos, de los que están y de los nuevos que prometen surgir.

Ha sido una trayecto basado en el compartir responsabilidades, apoyarse en las fortalezas de cada uno, sugerir y avanzar sabiendo que se estaba frente a un flujo, una corriente receptiva que ponía fin a la separación y a la polarización. A Capriles lo va a elegir una multitud heterogénea, que cree en un futuro que hay que construir, que depende de nosotros, que nada está dado si no comprometemos nuestra vida y tiempo para lograr los grandes objetivos. Tenemos hoy la oportunidad de asistir a la emersión de nuevos partidos con liderazgos ganados a pulso, surgidos en el contacto y la sinergia con la gente.

Tal como se vio en las primarias con las figuras de María Corina, Pablo Pérez, Leopoldo López y Diego Arria. Gentes con experiencias y discursos distintos pero con una base común: la honestidad y el deseo de servir al pueblo. Para los partidos se abren nuevos senderos, en adelante habrá que ganarse los liderazgos, ponerse al lado de los que necesitan, pero también apoyar a los que son capaces de generar y emprender en busca de nuevas soluciones y mejores oportunidades.

Esta campaña independientemente de sus resultados, ya ha mostrado la fuerza que representa la unidad, no puede ser apropiada por ningún grupo o sector, su fuerza se la debe a la capacidad altruista de unirnos, sin importar quiénes somos y qué queremos. Por encima de todos los límites y fronteras está el hecho insuperable de que todos aspiramos vivir en paz y con una infinita libertad para desarrollar nuestras potencialidades humanas. Hoy tenemos certeza de que el Socialismo no es el ticket al paraíso sino todo lo contrario.

Creo que el dilema que embarga a los venezolanos indecisos no es parte de una tragedia hamletiana, ética, es más el desborde de una pasión menor, una vacilación a espaldas de la realidad o un cálculo egoísta sobre qué puedo ganar sin importarme los demás. La suerte de todo un país debe estar en el valor, el compromiso y la responsabilidad de sus mejores ciudadanos que ya no tienen dudas. Por todos estos sentimientos y razones votaré por Capriles con gran regocijo espiritual.

isaper@gmail.com

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