Voté por Henrique Capriles y no me arrepiento. En la vida es preferible vivir con dignidad, que tener el espíritu revuelto por haber traicionado los principios. Sostengo que no me equivoqué al hacerlo, que una mayoría escoja otra opción es su derecho, esa mayoría no garantiza que tenga la razón. Siempre hemos dado un paso al frente, asumiendo cada acción con la fortaleza de sostener las ideas. Es un tizón en el alma ver como muchos venezolanos se dejan seducir por bagatelas, mostrando que su conciencia es como una ola del mar que va y viene hasta que se estrella en las rocas. Son catorce años de fracaso, sin embargo la ceguera de una mayoría circunstancial nos pone a todos en la dificultad de seguir siendo gobernados por aquel que ejemplifica el odio visceral.

Ahora se quiere aparecer como un manso cordero, todos conocemos sus artes manipuladoras; son distracciones para pescar incautos. Esa vieja película de colores difusos está guardada en las neuronas de la nación. Dentro de poco proseguirá su catalogo de agresiones a la honorabilidad de las personas y sus familias, así como al exquisito mundo del idioma castellano, al que quebranta de manera salvaje en sus deleznables intervenciones públicas. Su lengua disparará ardientes fuego de volcánica lava, morirán las ilusiones de la ansiada paz política.
Hugo Chávez cree que el dialogo es plegarse a sus sandalias, escuchar sus chistes y reírse hasta largar los dientes. Su manera de relacionarse con el contrario es tan primitiva como salvaje. Su odio arraizado en profundas frustraciones infantiles no le deja observar las buenas intenciones que puede presentarle un sector que obtuvo, con Henrique Capriles como su líder, más de seis millones y medio de votos.
Una cifra gigantesca conseguida en solo tres meses de campaña, frente al armatoste del estado, con una inmensa cantidad de dólares, además de todo el aparataje del régimen para encauzar el abusivo esfuerzo en complacer las agallas dictatoriales del primer magistrado nacional. Una gran mascarada chantajista que redujo a millones de venezolano al triste papel de dejarte capturar por el miedo.
Capriles realizó una lucha épica contra grandes poderes atados al caudillo, su gesta no puede ser mancillada por rumores que no tienen el sostén de una prueba. Si existe algo fraudulento en la elección, lo lógico es presentar los recaudos para denunciar el hecho, sin este recurso es simplemente ganas de hablar gamelote.
Seguiremos luchando por una nación distinta. Ya descubrirá esa mayoría, el error que cometieron, nosotros tendremos la conciencia tranquila. Cuando sientan que las promesas eran tretas de campaña comenzarán a sufrir la pena de aquel que solo se conforma con migajas. En la noche del 7 de octubre dormí con la serenidad del deber cumplido, no ganaron y duele; sin embargo sentimos que no seremos responsables de lo que viene. Cuando chillen les tendré una respuesta contundente: ¿Quién los mandó?

alexandercambero@hotmail.com
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