¿Y si Capriles pierde Miranda? El reto de Capriles de ir por Miranda no resiste un análisis preñado de buenas intenciones. Como creyente de la alternativa de oposición, quisiera ver un Capriles victorioso en ese desafío. Pero desde la perspectiva del observador político existen importantes variables que nos llevan a la conclusión que tal aventura comporta un camino empedrado y angosto que Henrique ha debido evitar.

Como reconoció el propio presidente Chávez, la campaña de su contrincante fue a lo menos un obstáculo a las intenciones avasallantes del caudillo. Recibir una llamada telefónica de Chávez en el marco de una batalla poselectoral (cuando jamás lo ha hecho, sino en todo caso, a Fidel o a Lula), no es menos que un gesto elocuente que valora el esfuerzo humano de Capriles y su actitud ciudadana y respetuosa en el marco de una contienda que estuvo desbordada de ofensas y descalificaciones. De tal manera tanto chavistas como opositores, han dado crédito a un modo de ser y de pensar en política, que produjo grandes dividendos. Por ello, asumir una candidatura que se ajusta únicamente a recuperar espacios locales, como Miranda, arroja varias disonancias que es preciso alertar.

En primer lugar Miranda ya tenía su candidato por lo que reversar esa decisión popular es una violación expresa a las primarias, lo cual es delicado desde un interés impostergable de democratizar los espacios de la oposición. Contrasta con el compromiso de elegir sus candidatos conforme a la base y no a dedo como lo denunció el propio Capriles. En segundo lugar, reducir la figura de Capriles a un ámbito regional degrada el inmenso logro que se había alcanzado para llenar los vacíos del liderazgo nacional. No es lo mismo defender los intereses de un país desde Los Teques, que lo contrario. En tercer lugar, el solo riesgo de perder Miranda, es decir, que sea Henrique quien la pierda, no es el mejor escenario para él, en su titánica tarea de reafirmar el proceso de aglutinación y rearticulación política logrado con la unidad, así haya sido como marca. Ir a votar nuevamente, sobre todo en época que los sectores más voluntariosos (diciembre) de la oposición se dedican a comer hallacas y ensalada de gallina, tampoco pinta un buen desenlace.

Perder Miranda no es difícil anticiparlo. Sería una derrota más dañosa que haber perdido las presidenciales. La gente había redimido el primer revés, pero un segundo despecho sería fatal. El pueblo asimiló con madurez la primera pérdida, pero una segunda lo llevaría peligrosamente a la lona y al letargo. Resistir la tentación de estar en el poder cuando ello debe estar subordinado al interés superior de la libertad y la vida, es la virtud que permite al líder llegar sólidamente al poder.

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